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Instituciones religiosas_6 de junio de 2015

·Instituciones religiosas

 

 

Arzobispo de Guadalajara, cardenal José Francisco Robles Ortega

Pide Robles Ortega unas elecciones pacíficas

El Occidental

Rosario Bareño Domínguez

5 de junio de 2015

 

El Arzobispo de Guadalajara, cardenal José Francisco Robles Ortega pide que este domingo 7 de junio “sea un proceso electoral pacífico, constructivo y participativo”.

La Iglesia católica manifestó que “no se identifica con ningún partido político, sino que profesamos con plena confianza que Jesucristo ilumina las distintas opciones políticas, cuando son abanderadas de la verdad y de la honestidad”.

Exhortó: “¡Votemos! Participemos en la elección, a fin de poder exigir, como ciudadanos, el cumplimiento de las promesas de campaña de quienes resulten ganadores. Los fieles católicos pueden afiliarse y votar libremente por el partido político y por el candidato de su preferencia, sin contradecir sus convicciones morales y religiosas”.

Agregó que el poder de auto-gobernarse “viene de Dios, por la dignidad que ha dado a cada persona de ser libre. Sin embargo, la vida social nos invita a delegar en los gobernantes la organización de la sociedad que, con buen juicio, encontrarán las vías de la sana convivencia, el desarrollo y el digno bienestar humano”.

Sin embargo, lamentó: “como pastores, vemos el contraste del desarrollo entre las zonas urbanas y las rurales, la corrupción institucionalizada, la injusta distribución de la riqueza, la pobreza de los salarios, los problemas de seguridad por los secuestros, la extorsión, el robo y la amenaza”.

El prelado subrayó: “no olvidemos que, con nuestro voto este 7 de junio, podemos construir una mejor sociedad, siendo más responsables para elegir a los servidores públicos, y cumplan, de manera fiel, honesta y austera, la encomienda que la sociedad necesita”.

Sostuvo que los fieles católicos también “somos mexicanos y somos conscientes de nuestros derechos y obligaciones. Por ello, nos comprometemos a colaborar con los candidatos electos, siempre que trabajen por el bien común y en apoyo a la ley justa; y a pedir, como ciudadanos, el cumplimiento de los compromisos realizados a nuestras comunidades a quienes resulten electos gobernantes”.

 

 

Arzobispo de Guadalajara

No se puede vender el voto: Arzobispado de Guadalajara

El Occidental

Rosario Bareño Domínguez

5 de junio de 2015

 

Los institutos políticos, desde la Revolución Mexicana, han ayudado innegablemente a avanzar, en muchos sentidos, a la Patria, “pero ésta exige presteza, atención; no olvidos y manipuleo”, indica el Arzobispado de Guadalajara.

Los votos parecen ser simulacro y pantomima ante la política que ennoblece. El partidismo “carece de vergüenza, no se abochorna de su propia hipocresía. Los comicios son oportunidad para expresar convicciones, necesidades, aunque se presente el fantasma de la desconfianza”, destaca.

Los partidos, prácticamente sin excepción, presumen una ideología de enciclopedia, pero sólo es un adorno y frágil; se corrompe frecuentemente, indicó el Arzobispado en su órgano informativo El Semanario en su editorial de esta semana, previo a las elecciones de mañana domingo.

El tiempo de las campañas ha concluido. “Hemos sufrido o nos han divertido, según el caso, avalanchas diarreicas de propaganda que pintaron bardas, engrosaron las páginas de periódicos y revistas; radio y televisión a su pleno servicio. Hubo, sin duda, panfletos más o menos lúcidos y, por contraparte, también mucha papelería que atiborró de basura las calles. Las entrevistas y declaraciones estuvieron al aire en las ya incontenibles redes sociales y demás tecnología de avanzada”.

Sostiene que hay muchas formas para domesticar los votos, lugares de inducción, seducción, trampas para incautos. La comunicación es necesaria e imprescindible, es la esencia de la vida; pero la “mentira, la exageración y manipulación dañan la confianza del pueblo. El erario destinado a este rubro es llamativamente cuantioso. Unos dicen que inflado, además de las aportaciones de los amigos, familiares, y otros entes comprometidos con la democracia o a la espera de alguna ganancia a río revuelto, o concesión de una rebanada del pastel”.

Añade que quienes votan por vez primera pueden ser un hálito valiente y de esperanza que “nos haga corregir muchas cosas; pero también pueden vender su voto por un plato de lentejas. Hay, por supuesto, ‘mapaches’ muy bien organizados y con alta tecnología. Y, sin duda, el arma más común para engañar es la dádiva y la mentira, enclaustrada en los discursos y promesas. Para hablar de política, los mexicanos somos únicos. Pero llegado el tiempo de las elecciones, este pueblo noble y pobre, lleno de necesidades, tiene la tentación de negociar su voto por alguna ganancia; algo que le recompense los olvidos y desidias de los gobiernos en turno.

“Voces surgidas de las peores cloacas hacen escarnio y mofa de candidatos y discursos; otros, pronuncian letanías zalameras y embaucadoras. Entre unos y otros hay espacio para muchos mexicanos responsables y conscientes de la urgencia de votar. ‘¿Qué razones tengo para sufragar o para no hacerlo?’ Unos dicen: ‘Todos están cortados con la misma tijera’. El pueblo se desencanta por los comportamientos de la clase gobernante, pues lo usan de la forma más vil. Se le invita a aplaudir, según el director de la escena política lo señale. O, con discreción, para hacer jugadas que los favorezcan”.